Practicando la técnica…con Morgan Weistling

Comienzo esta entrada con un ‘divertimento literario’, muy de mi gusto, aunque comprendo que no todos lo compartáis; por eso lo acoto en un espacio que podéis saltar a voluntad, para los más ansiosos por devorar sólo óleos…

(Los ansiosos por el don Bindo de Rafael habréis de tener paciencia: su proceso por capas exige disponer de jornadas completas más o menos largas, para no dejar de aprovechar las cualidades del trabajo sobre húmedo, y estas jornadas a mi se me alargan más de una mañana, así que no me resulta fácil encontrar el momento. Mientras tanto sigo estudiando celosamente su paleta, indagando sus misterios…todo llegará)


De joven devoraba libros, no como el que lee panfletos, tan al estilo de los amantes de best sellers y similares –perdonadme la alusión no peyorativa-, sino con una inusitada devoción por las construcciones gramaticales, el estilo y cosas así, tan poco usuales. Solía tener entre tres y cinco libros diferentes en la mesita de noche que iban rotando sustituidos por otros en cuanto los acababa, como el parking de un gran centro comercial, abarcando novela, teatro, ensayo y poesía, fundamentalmente, y procurando barrer desde lo clásico a lo moderno, lo que me hacía dedicar entre cuarenta y cinco minutos y una hora de sueño a leer (autoimponiéndome, no sin esfuerzo, no rebasar ese tiempo límite); a veces, sustituía uno de esos libros por alguno de tipo técnico, o algún número extraordinario monográfico de la revista de arquitectura Croquis, otra de mis pasiones, pues en aquel entonces algunos de sus artículos no desmerecían en cuanto a calidad ensayística y filosófica: allí descubrí por vez primera al filósofo Jacques Derrida y el manoseado término “deconstrucción” acuñado por él  y toda la escuela arquitectónica en que devino, con la Coop Himmelb(l)au y tantos otros que han llenado de curvas imposibles el paisaje urbano del último tramo del pasado siglo, como una especie de decorado caligráfico de las grandes ciudades, o inspirado la obra pictórica de Vasili Kandinski, cuando, en realidad, su esencia primera era filosófica, del triunfo de Heidegger sobre Hegel, o sea, del símbolo gramatical y del significante: ya Ortega decía que las lenguas orientales como el Chino, basadas en un “alfabeto” –que no lo es- de caracteres ‘sígnicos’, eran completas (donde cada signo es un sonido y cada sonido una idea: ‘ideogramas’ los llamó el filósofo español), porque el símbolo era monema y significado a la vez, porque pensar era como escribir y viceversa (por eso, por ejemplo, para expresar “tristeza”, unen dos ideogramas: ‘otoño’ y ‘alma’)

Es por eso que adquirí la costumbre –ya normalizada con el tiempo- de no dormir demasiado, para mi desesperación, pues atendía también mis compromisos sociales y estudiantiles, los más exigentes; suelo decirle a mis allegados más íntimos “a menudo me canso de mí mismo” (propio de quien pretende que el día tenga 25 horas –y ahora que pinto pretendo 26, con 18 de luz, al menos) pero es que, en esa época, el tiempo tenía otro pulso, otras longitudes de onda que desaparecen mágicamente con la edad. Con frecuencia me sorprendía a mi mismo leyendo dos o tres veces la misma frase, alargando el tiempo, embelesado quizás por su fluida sencillez o su intrincada y proverbial composición; otras repetía incluso una hoja o capítulo, buscando las estructuras de su magisterio, como si tras ello pudiera husmear los arcanos del saber literario (dicen que Marguerite Yourcenar tardó más de veinte años en rematar la estructura final de la primera página de su libro “Memorias de Adriano”: comprenderéis que la cosa merecía más de una lectura atenta, y no me defraudó en absoluto). Estas lecturas eran como una aventura de navegación, donde la mar y sus sirenas eran las protagonistas y los puertos poco tenían que ofrecer a un marinero sin rumbo, más que el descanso capitular para la siguiente jornada lectora. La escritura, sin duda, ha sido otra de mis pasiones, abandonada como una novia temprana que el tiempo lacera con las dagas de los anhelos renovados, pero que deja en el recuerdo el olor de lo inmaculado, de lo que pudo haber sido y no se consumió en las ascuas del irreverente paso del tiempo…

Lo que pudo haber sido…

Una historia sin rumbo tiene que fijar su dimensión en el pensamiento. Ken Follett, autor de numerosísimos éxitos de venta, reconoció en el prólogo de Los pilares de la Tierra que, dicho con mis palabras, había sido un vendedor de crecepelos; que conocedor del arte literario y sus trucos, había dedicado una vida a vender su alma a una legión de seguidores poco exigentes, lectores de historias con un final, sin camino de por medio, devoradores de páginas a ciegas donde lo importante es qué pasará, y el maestro de la pluma dispensaba intrigas a esos estómagos insatisfechos como el que reparte pizzas en un colegio mayor. Y, tras años de éxitos, se sentía vacío. Y es que una historia sin rumbo tiene que fijar su dimensión en el pensamiento…

La insoportable levedad del ser es una historia sin rumbo.

Desde la primera página, Milan Kundera nos introduce en la dimensión del pensamiento y ya no suelta el hilo hasta el final…

Leí este libro de joven. Apenas recuerdo a Teresa y al médico checo, Tomás, que dejó su profesión para no servir a los soldados de la invasión comunista de Praga. Vagos matices de una historia desdibujada que no soy capaz de poner en pie, aunque sí su planteamiento y estructura. Y eso ocurre cuando algo se cuela en tu mente por el camino del pensar, no del placer, o no sólo al menos…El placer es efímero, leve; el pensar es duradero, pesado. Esta reciprocidad ambivalente ya trajo de cabeza a Parménides, quién concluyó que…

(quizás vuelva sobre estos pasos, si después de esto aún me lees…mientras, descubre en el libro de Milan a qué conclusión llegó Parménides y a cual otra Kant, o sea, Beethoven, con su ‘es muss sein’ como leit motiv de su último cuarteto opus 135)


Cada cosa requiere su tiempo y las enseñanzas de Weistling son de largo recorrido. He pensado a menudo si intentar este cuadro del maestro, que desarrolla mágicamente en un video (creo, sinceramente, que es uno de los mejores que existen –os lo aconsejo sin dudarlo, en inglés-americano, eso sí):

homework

www.morganweistling.com

WeistlingJan2005_Grp2_022

La técnica de Weistling es muy peculiar y muy complicada, pero los resultados son espectaculares, como veis. El maestro pinta absolutamente todo, hasta las transiciones de tono: nada de barrer con el pincel, nada de efectos, todo mezclas y pinceladas. Y mezcla con la velocidad del que escribe, tanteando el tono en la paleta, picando rápidamente con el pincel en uno y otro color de su paleta y mezclando a sentimiento, sin ligar o intimar la mezcla, lo que dificulta enormemente su seguimiento o imitación. Por eso he dudado siempre ante el atrevimiento de intentarlo. Pero cuando uno tiene una sana predisposición interior, es tan difícil negarse…hasta el fracaso merecerá la pena. Así que me he armado de valor y he decidido abordarlo, aunque con precauciones. La primera y fundamental, hacerlo como un ejercicio, en tablilla, no en lienzo, para quitarme presión (si lo suelo recomendar, habré de ser fiel a mi mismo). Y, sobre todo, simplificar: no hacer todo el cuadro sino sólo la cabeza (si logro apenas algo medianamente válido, intentaré otras partes también muy atractivas, como la taza con la tetera, o el macetero del fondo izquierdo).

La segunda, seguir sus propios consejos, que pueden resumirse en: no te preguntes qué color es, no importa demasiado el color. Logra que la mezcla participe primero del valor y la temperatura adecuados, y el resultado tendrá sentido (lograr esto apenas sólo está al alcance de maestros). Según Morgan, el orden factorial es el siguiente: forma, valor, borde, color.

He realizado una primera jornada, de mañana únicamente, donde apenas he esbozado con rapidez un dibujo previo a carboncillo, más para colocar aproximadamente las proporciones que otra cosa, ya que él mismo prescinde del parecido como meta, según observaréis enseguida (aunque finalmente lo logra).

Tras esa primera sesión, este es el resultado del maestro (perdonad la foto pero es del video, donde se aprecian más matices, aunque no de excesiva calidad de imagen –se notan mucho los adelantos en los últimos años de las técnicas audiovisuales HD en este sentido):

MorganWeistlingOriginal

Y aquí los resultados del que aspira a ser siquiera su alumno a distancia (esta foto si es HD, así que podéis ampliarla para ver mejor los matices):

MorganWeistlingPractice

Hay una dificultad implícita: por la calidad del video, el resultado en el lienzo del maestro es a menudo difícil de evaluar, sobre todo en cuanto a temperatura y matiz, así que hay que seguir previamente con mucha atención la mezcla (por fortuna sale prácticamente todo el proceso) y confiar en que tu resultado en el lienzo se parezca. Como la primera entonación acrílica que da al lienzo es de Raw Umber con toques de Cobalt Blue (que yo realicé con óleo), muy adelgazado y esparcido (él con agua y yo con trementina), el fondo final queda muy claro, lo que hace que las mezclas parezcan muy oscuras. Si es o no culpa de la calidad del video ya se verá, aunque me temo que sí, porque en las partes finales el rostro –incluidas las sombras- parece más claro. Pero como sabemos que este aclarado bien pudiera crearlo imaginariamente el propio fondo, más oscuro, habrá que ser pacientes y esperar. Tiempo habrá después, si no, de retocar.

Otra cosa que observo es que en mi resultado final aparecen ‘vetas’ de colores más netos; esto también puede ser por la calidad del video, y debo confiar en que lo que no se aprecia en el suyo está realmente ahí, porque en la mezcla si se ve cómo él hunde el pincel en el pegote de azul, o siena, o…y luego no liga íntimamente la mezcla, sino que deja esas vetas vivas…Usa mucho los azules y el violeta, para agrisar las carnaciones, pero de modo resuelto, sin agotar la mezcla. En cualquier caso no me importa, porque pienso ser fiel a sus enseñanzas y no perocuparme demasiado por el color: apreciar las temperaturas en el video si que a veces es un problema, y hay que tratar de interpretar o, a veces, adivinar, el ‘sentido’ de la mezcla. Muestro un ejemplo de su paleta donde marco esas vetas en sus mezclas:

MorganWeislingPalette

De todas formas, mi resultado final me parece al menos interesante, con ciertas posibilidades, y me sumerge en una nueva experiencia que tenía ganas de sentir y disfrutar y os aseguro que eso lo estoy logrando…veremos cómo sigue.

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15 respuestas a Practicando la técnica…con Morgan Weistling

  1. Juan Carlos dijo:

    El resultado que has alcanzado con las primeras pinceladas es realmente bueno, muy conseguido, ¡felicidades!. Respecto de Weistling la atmósfera que consigue es genial, obviando la fuerte luz de estudio, me encantan los grises y los colores quebrados, no hay un sólo color mínimamente puro o sobresaliente a excepción del pico del libro. Un gran pintor sin duda este Weistling.
    Por cierto, ni me considero un entendido ni lo soy, pinto por hobby.

    Recibe un cordial saludo.
    Juan Carlos.

  2. Pilar dijo:

    “no te preguntes qué color es, no importa demasiado el color.” Tendremos que hacer caso a Weistling, la atmosfera de sus trabajos es fantástica.
    Que difícil es todo……….y efectivamente tus resultado de momento están muy sueltos, seguro que al final, todo bien.

  3. Raus dijo:

    Hola a todos. Otra entrada muy valiosa.
    No he podido ver el vídeo. Lo malo es que si está explicado en inglés, no podré enterarme de nada. ¿Recomienda el autor no preocuparse del color? ¿Es curioso, no? Supongo que hará hincapié en conseguir bien el dibujo y los valores, aparte de la atmósfera, (¿no es eso, Miguel?) En realidad, son muchos los grandes cuadros con colores “inventados” por el artista, interpretados muy a su manera. No recuerdo ahora qué gran pintor dijo que él podría pintar la piel humana con lodo siempre y cuando pudiera también pintar el entorno.
    Yo también pienso que va muy bien tu cuadro, Miguel. Adelante.

    • Gracias Raus. En realidad, cuando andas buscando el valor y la temperatura, con colores tan quebrados o desaturados, lo normal es que el color aparezca prácticamente sólo, porque tendrá tendencia cálida (anaranjada) o fría (azulada) y el contraste simultáneo hará prácticamente el resto…De todas formas no interpretemos estas cosas como ‘ley’ sino como una referencia. Lo que viene a enseñarnos el maestro es que si fallas el valor, aunque aciertes el color poco importará porque no lograrás darle sentido al cuadro. Pero si aciertas el valor, aunque el color no esté ‘exacto’, lograrás tu propósito. Y es que, lograr el valor de un tono casi te trae el color de regalo…

  4. Hola Miguel, me encanta weistling, yo tmbien procuro seguir todo lo que hace, en su web solo tiene 3 demostraciones, pero a la que haces referencia supongo que la has conseguido aparte.
    Yo lo localicé de una página China, aunque la calidad no sea muy buena. Dime si son los mismos que utilizas. Me sigue admirando tu trabajo. Un saludo. Rosa

    • Raus dijo:

      Vaya, Rosa, qué magnífica pintora eres. He visitado tu blog y me han encantado tus trabajos. Qué nivel. Felicidades.

    • Gracias maestra…
      El video de Weistling es de la época de Liliedhall, así que ya han pasado unos cuantos años desde entonces, pero no años de cualquier tipo, sino años que han traído una revolución en los avances tecnológicos en cuanto a la imagen digital de alta definición, tanto en impresión como en fotografía y vídeo, así que me temo que su calidad no tiene remedio. Lo peor de todo es que al final del cuadro, en el último segmento del vídeo, Weistling da las gracias a todos pero promete no repetir nunca más la experiencia (y se comprende viendo al maestro en el proceso de creación, resolviendo dificultades en directo, con la presión de la cámara) -antes de finalizar la parte frontal de la mesa, con el libro, etc., llega incluso a mirar de soslayo el reloj, quizás agobiado por si le dará tiempo a terminar, seguramente porque le pusieron límite a la grabación los productores del video. En fin, todo un acto de creación, desde el principio, donde enseña a montar el lienzo, con tutoriales intercalados, etc., etc. Muy generoso. Como ejemplo puede verse el video de la pintora Sharrie McGraw (Painting the figure) -discípula del gran maestro David Leffel-, donde fracasa estrepitosamente en su realización, y encima tiene que dejar sin acabar el motivo, reconociendo que le ha superado la presión de la cámara (por cierto, eso no rebaja su precio). Sin embargo su maestro Leffel, con un motivo similar -un desnudo femenino también- da una verdadera lección de magisterio del pincel.
      Con todo lo dicho, recomiendo comprar el vídeo original.
      Por cierto, Rosa, a ver cuándo os decidís los maestros aquí en España a realizar algo similar…para disfrute de muchos.

  5. Adriana dijo:

    Hola Miguel, vale la pena comprar el DVD de Weistling, estando en inglés? Se entiende igual?

    • Entiendo que te refieres a si se entiende igual en inglés-americano que en inglés-británico…NO, no se entiende igual. Pero mi inglés es bastante normalito y logro enterarme de casi todo, al menos de lo más importante. Cada uno debe valorar si le merece la pena, porque no es barato…

  6. mariafatimaaa dijo:

    Delacroix dijo que él podía pintar con barro la carne siempre que le dejasen pintar el resto con los colores que él quisiese.

  7. antonio dijo:

    Leyendo tu “divertimento” se adivina que pintura, literatura…da igual, no se te da nada mal y puedes poner tu empeño en cualquier faceta. ¡ Lástima que los dias tengan las horas que tienen y no podamos disponer de otras vidas a nuestro antojo, eligiendo lo que nos gusta!

    En cuanto a la pintura, y tus enseñanzas…sin cambio y excelentes. gracias
    un saludo

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